Déjate ayudar por los niños de Xai Xai

Estamos últimamente muy contentos y muy ocupados trabajando en el la presentación de una campaña de la Fundación Khanimambo que nos parece que dará mucho que hablar.
Conocemos de primera mano el trabajo de la Fundación en Mozambique desde hace varios años, así que podemos decir con toda confianza que creemos que que esta Fundación es diferente, que lo que están haciendo en Mozambique es especial y que queremos lo sepa todo el mundo para que mucha más gente pueda ilusionarse como nosotros.

Prensa Khanimambo

Fundación Khanimambo se presenta en sociedad el próximo lunes 24 en Madrid y el martes 25 en Barcelona. Presentan su nueva cara -con una gran sonrisa, por supuesto-, su nueva web, y una campaña que da en el clavo: Déjate ayudar.Logo Khanimambo

No es para menos, mucha gente talentosa ha dedicado montones de horas de forma desinteresada a este proyecto que engancha, que sepamos: Evil Love,  Agosto, Potato, Kings of Mambo, APM Gestió, Alt. 120, Idea Sonora, El Mundo al Revés, Gerd Satorras, Marta Abella, Xevi Massip, Garret Cummings, Valerie Bruckboeg, Carla Farinye, Lolo Olivé, Web-it, Hub, Artchimboldi, Viajes Mundo tresMireia Vilallonga y seguro que alguno más que nos olvidamos.

Lo dicho, si estás en Madrid el 24 de octubre o el 25 en Barcelona, contamos con tu presencia y si no. Nos vemos en las redes.

 

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La ruta marcada: Nikko

Hace unos días, en Nara, un japonés mayor con pinta de hippie trasnochado, al vernos con la guía de viaje en la mano, nos dijo que éramos unos “victims of opportunity”, que no éramos libres porque la guía nos marcaba el camino a seguir y que Lonely Planet, esa guía que también se equivoca, era una especie de conspiración mundial para llevar a los turistas de un lado para otro.

Como nosotros somos víctimas de la oportunidad, hoy, tras levantarnos en nuestro maravilloso hotel Kimi Ryokan, hemos puesto rumbo a donde la guía (no sólo la Lonely, sino todas las que hemos leído) nos aconsejaban como la mejor excursión de un día desde Tokio: Nikko. Y la verdad es que merece la pena.

Nikko Line

A pesar de las más de dos horas de viaje en tren (¿qué sería del pobre turista que no tenga el Japan Rail Pass, el abono de trenes japo?) y sobre todo a pesar de la intensa lluvia que hemos tenido todo el día, Nikko es una pequeña ciudad que, una vez te alejas de la estación de tren y centro urbano, esconde una de las mejores sucesión de templos que hemos visto en Japón.

Sergio en Nikko

Pero lo que hace diferente a Nikko es que esos templos están envueltos en unos tupidos bosques por los que, en día como hoy, se mezcla la niebla y la lluvia.

Nikko

Todo apunta a que no visitaremos el Monte Fuji esta vez, la otra gran excursión aconsejada por las guías, pero con Nikko nos damos por satisfechos. A pesar de haber tenido que tomar prestado un par de paraguas (quee hemos devuelto a la bajada) para no calarnos por completo; a pesar de que varios templos estaban de reformas y a pesar de que, realmente, las conexiones ferroviarias, los paseos por las estaciones y las aglomeraciones en nuestra querida Yamanote Line (la línea circular de Tokio) pueden llegar a cansar en ciertos momentos.

Volvimos ayer a Tokio, como os hemos dicho, para apurar aquí los últimos días de viaje. Hemos tenido suerte de, por casualidad, haber encontrado este hotelito estilo Ryokan, que si bien no lo es como tal, se le parece mucho. Los ryokan son casas de huéspedes con suelo de tatami, futones, yukatas (quimonos japoneses) y baños japoneses. El nuestro tiene todo eso, menos baños clásicos, y tampoco una anciana japonesa nos va a preparar la cena, como parece que pasa en los de verdad… pero después de haber probado las super confortables cápsulas de los primeros días, este hotel nos parece luxe.

Sergio en Kimi Ryokan

Nuetra nueva zona de hospedaje es Ikebukuro, un barrio muy animado venido a menos con el auge de Shinjuku donde hemos vito botellón juvenil en las plazas, macro-centros comerciales dentro de la estación y un animado pub inglés donde ayer tuvimos una interesante conversación con Phil, un inglés empleado de Honda que lleva 20 años viniendo por negocios a Japón. “Olvidáos de la radiación: el verdadero peligro de este sitio son los terremotos…”, nos dijo.

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Las torres de Osaka

Fukushima Area in Osaka
Hemos pasado la noche en Osaka, al lado de Fukushima Station, en una cale peatonal y de aspecto bastante retro-decadente. Es la impresión que nos ha dado casi todo lo que hemos visto de la ciudad.
Umeda Sky Building
Hemos empezado el día visitando el Umeda Sky Bulding, una especie de Arco de la defensa parisino que ofrece unas buenas vistas desde su “floating garden” de la parte superior, hasta donde se llega pasando y sufriendo un poco de vértigo en sus ascensores acristalados.
Osaka from Umeda Sky Building
Aparte de las vistas de Osaka y de una interesante colección de murales sobre edificaciones que han desafiado a la gravedad a lo largo de la historia, lo que impregna todo el mirador es la cursilería más absoluta, miradores en forma de corazón, venta y anclaje de candados en forma de corazón donde realizan la inscripción de tu nombre y el de tu pareja, un corazón gigante para que te hagas fotos dentro… suponemos que para una cita romántica al anochecer les dará mucho juego a los japoneses.
Umeda Sky Buinding

Tras pulular un poco por las calles y trenes de Osaka hemos ido al distrito Shinsekai, uno de los peores de Japón según dicen, con las típicas tiendas de electrónica, restaurantes de decoración extravagante, borrachos tirados por el suelo (a la manera japonesa, es decir, rodillas al suelo pero ebrios igualmente) o adictos al Pachinko pululando por el barrio.

De todo el barrio, lo más interesante es la torre Tsutenkaku, que en su momento fue un icono de la modernidad y hoy es un icono de la decadencia desvencijada.

Zona de Sinsekai, Osaka

Más tarde nos hemos perdido por otros barrios típicos de compras y electrónica de Osaka antes de coger el Shinkansen o tren bala de regreso a Tokio. Sobre nuestras experiencias en los trenes, la utilidad del Japan Rail Pass y costumbres niponas sobre raíles hablaremos en otra ocasión.

 

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Enola Gay y sus efectos

El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, un bombardero B-29 al que habían puesto Enola Gay por el nombre de la madre del piloto, sobrevoló Hiroshima y dejá caer a Little Boy, la primera bomba atómica que se lanzaba en la Historia contra ciudades.
Hiroshima tras la bomba

Hoy, 66 años después, Hiroshima es una vibrante y desarrollada ciudad que siempre se relacionará y recordará por aquel momento, y del que sólo un parque y un museo conmemorativo recuerdan aquel trágico momento.

Pero no se trata de un parque y museo cualquiera. El Parque y Museo de la Paz son dos lugares inolvidables e impactantes, situados entre dos días, en pleno centro de la ciudad, que crean una atmosfera de relajada angustia cuando uno se da cuenta de lo que tuvo que ocurrir aquel mes de agoto y los años posteriores. El parque de la paz es un inmenso homenaje a las víctimas, e imcuye un cenotafio con los nommbres de todas las personas víctimas de la bomba. Al parecer, se ha ido actualizando cada año con las nuevas personas fallecidas como consecuencia de aquello.
Cenotafio Hiroshima
A su lado, la llama de la paz, que dicen sólo se apagará cuando hayan eliminado la última arma nuclear. Nos ha llamado la atención la historia de las grullas de papel, vaya, las típicas pajaritas de papel que en esta ciudad están por todos lados (y en Japón también) y en particular en el parque. Hay una zona donde alumnos de todo Japón han mandado sus lazos de grullas de papel, o sus collages o mosaicos con motivos pacifistas, y se exponen en la zona.
La niña de las grullas en Hiroshima
Una de las cosas más impactantes del parque es la cúpula de la bomba atómica, un edificio en ruinas que se conserva del día de la explosión y cuya estructura de la cúpula sobrevivió a la explosión. Ha quedado como un simbolo de la destrucción de aquel día y es francamente impresionante.
Cúpula de la bomba atómica
Y, por último, y para terminar de destrozar los ánimos y como paso previo para cortarse las venas, el Museo de la Paz, un recorrido minucioso por el desarrollo de las armas nucleares, el momento de la explosión y relatos pormenorizados de los protagonistas, con historias tan bonitas como “Kenzo iba con su patinete cuando explotó la bomba: sobrevivió a la primera explosión pero la piel se le empezó a caer a jirones y la la cara se le hinchó tanto que no se le diferenciaba la mandibula de la nariz… al día siguiente su padre, también con la pierna destrozada y quemaduras en todo su cuerpo, la encontró y la llevó a las ruinas de su casa… Kenzo murió al día siguiente…” Como véis, muy bonito, pero desde luego efectivo para darte cuenta, de nuevo, del absurdo de la guerra y de la ilimitada capacidad del ser humano para destruir.

Antes de todo esto, por la mañana, habíamos decidido ir a la isla de Miyajima, a unos kilómetros al sur de Hiroshima en tranvia y un paseo en ferry, donde está la famosa Torii o puerta del santuario de Itsukushima-Jinja. Se trata de uno de los lugares más famosos y fotografiados de Japón, y depende de si llegas en marea alta o baja para verlo “flotando sobre el agua” o “rodeado de barro”. Lo mejor de la visita a la isla: el festín de ostras locales que nos hemos dado. Te las sirven preparaditas y te das cuenta de que los palillos son la mejor herramienta posible para comer una ostra. Ummmmm…
Osaka de noche

Después de que el malasañero Dani, el de anoche, nos lo recomendara, damos con nuestros huesos en Osaka, una ciudad que vibra y cuya marcha nocturna parece de las mejores de Japón. Podemos comprobarlo en nuestra primera y última noche aquí. Sobre todo en el bar gótico Cinderella, acompañados de por unas camareras que en realidad hacen de compañía al cliente (no penséis mal) por el módico precio de 1000 yenes la hora por persona (unos 8 euros). De que hay que pagar por que te de palique a la camarera nos enteramos en el momento de pedir la cuenta…

Y nos despedimos desde una estación cuyo nombre os sonará por lo que ha pasado durante el último mes y medio. Del Enola Gay a nuestros días…

Estación de Fukushima en Osaka

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Ayer madrugamos para ir a Nara, antigua capital de Japón, famosa por sus templos y por los ciervos que entretienen a los visitantes. Había muchos vendedores de “galletitas para ciervo” que por un módico precio se supone que facilitaban que pudieras apreciar más de cerca a los entrañables bambis que campaban a sus anchas por los templos y buena parte de la ciudad.

Farolillos de piedra en Nara
No nos hicieron falta las galletitas para darnos cuenta de que estos “bambis sagrados mensajeros de los dioses” no son nada tímidos y no les importa olisquear, empujar, morder y lo que haga falta hasta asegurarse de que no tengas nada que llevarse a la boca. De hecho vimos a un par de japoneses persiguiendo a un ciervo por una ladera porque al parecer les había robado algo.
Señor alimentando ciervos en Nara

En Nara no hemos visto muchos turistas extranjeros, pero estaba lleno de visitas de escolares japoneses y también algunas de jubilados.

Sergio en Nara

El templo más famoso de Nara es el Todai-ji, que dicen que es “el buda más grande del mundo”, esa moto ya nos la han vendido en varios sitios, pero está claro que era muy grande y pesado (500 toneladas de bronce), para que os hagáis una idea de las proporciones de la foto, dicen que por el agujero de la nariz cabe un niño, y tienen en el templo una columna con un agujero del diámetro de ese inmenso orificio nasal, a través del cual docenas de niños intentaban pasar porque parece ser que les da buena suerte.
Gran buda de Nara

Aparte del buda y del propio templo, nos han gustado varias tallas de madera inmensas con los supuestos guardianes del templo, impresionantes.

También destacan entre los numerosos templos de Nara la pagoda de cinco plantas de Kōfuku-ji y sobre todo el famoso bosque de farolillos de piedra que hay  alrededor del santuario sintoista Kashuga-Taisha.

Farolillos de piedra en Nara

Por la tarde hemos vulto a Kioto y hemos cogido el tren bala hacia Hiroshima. Mañana visitaremos la ciudad con más calma, de momento nos hemos metitdo a cenar en un sitio donde nadie hablaba ni una palabra ingles, ni había fotos en la carta, ni nada, pero como estaba lleno de gente nos hemos metido y hemos cenado bien en un ambiente muy agradable. Cada vez que entramos en un restaurante nos sorprende el protocolo que parece muy sincero donde todos a la vez, hasta los cocineros, te dan la bienvenida o se despiden, en algunos casos parece que estuvieran de fiesta en vez de trabajando. Para ser un miércoles noche Hiroshima tiene ambiente. Nos hemos tomado unas pintas en un bar irlandés y allí una camarera filipina nos ha recomendado el descubrimiento de la noche, el Mac, un antro regentado por una hippy de la vieja guardia, con buena música, ambiente acogedor, fauna crápula y Dani, un español que lleva cuatro años en Hiroshima y está a punto de irse a México. Una conversación muy interesante antes de volver al hotel.  Dani era un personaje entre entrañable y bizarro que nos ha dado algunas claves de la forma de pensar nipona. También de la nocturna, que quizá pongamos en práctica mañana en Osaka.

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Publicado el por PR_Spain | 3 comentarios