Hace unos días, en Nara, un japonés mayor con pinta de hippie trasnochado, al vernos con la guía de viaje en la mano, nos dijo que éramos unos “victims of opportunity”, que no éramos libres porque la guía nos marcaba el camino a seguir y que Lonely Planet, esa guía que también se equivoca, era una especie de conspiración mundial para llevar a los turistas de un lado para otro.
Como nosotros somos víctimas de la oportunidad, hoy, tras levantarnos en nuestro maravilloso hotel Kimi Ryokan, hemos puesto rumbo a donde la guía (no sólo la Lonely, sino todas las que hemos leído) nos aconsejaban como la mejor excursión de un día desde Tokio: Nikko. Y la verdad es que merece la pena.

A pesar de las más de dos horas de viaje en tren (¿qué sería del pobre turista que no tenga el Japan Rail Pass, el abono de trenes japo?) y sobre todo a pesar de la intensa lluvia que hemos tenido todo el día, Nikko es una pequeña ciudad que, una vez te alejas de la estación de tren y centro urbano, esconde una de las mejores sucesión de templos que hemos visto en Japón.

Pero lo que hace diferente a Nikko es que esos templos están envueltos en unos tupidos bosques por los que, en día como hoy, se mezcla la niebla y la lluvia.

Todo apunta a que no visitaremos el Monte Fuji esta vez, la otra gran excursión aconsejada por las guías, pero con Nikko nos damos por satisfechos. A pesar de haber tenido que tomar prestado un par de paraguas (quee hemos devuelto a la bajada) para no calarnos por completo; a pesar de que varios templos estaban de reformas y a pesar de que, realmente, las conexiones ferroviarias, los paseos por las estaciones y las aglomeraciones en nuestra querida Yamanote Line (la línea circular de Tokio) pueden llegar a cansar en ciertos momentos.
Volvimos ayer a Tokio, como os hemos dicho, para apurar aquí los últimos días de viaje. Hemos tenido suerte de, por casualidad, haber encontrado este hotelito estilo Ryokan, que si bien no lo es como tal, se le parece mucho. Los ryokan son casas de huéspedes con suelo de tatami, futones, yukatas (quimonos japoneses) y baños japoneses. El nuestro tiene todo eso, menos baños clásicos, y tampoco una anciana japonesa nos va a preparar la cena, como parece que pasa en los de verdad… pero después de haber probado las super confortables cápsulas de los primeros días, este hotel nos parece luxe.

Nuetra nueva zona de hospedaje es Ikebukuro, un barrio muy animado venido a menos con el auge de Shinjuku donde hemos vito botellón juvenil en las plazas, macro-centros comerciales dentro de la estación y un animado pub inglés donde ayer tuvimos una interesante conversación con Phil, un inglés empleado de Honda que lleva 20 años viniendo por negocios a Japón. “Olvidáos de la radiación: el verdadero peligro de este sitio son los terremotos…”, nos dijo.