Enola Gay y sus efectos

El 6 de agosto de 1945, a las 8:15 de la mañana, un bombardero B-29 al que habían puesto Enola Gay por el nombre de la madre del piloto, sobrevoló Hiroshima y dejá caer a Little Boy, la primera bomba atómica que se lanzaba en la Historia contra ciudades.
Hiroshima tras la bomba

Hoy, 66 años después, Hiroshima es una vibrante y desarrollada ciudad que siempre se relacionará y recordará por aquel momento, y del que sólo un parque y un museo conmemorativo recuerdan aquel trágico momento.

Pero no se trata de un parque y museo cualquiera. El Parque y Museo de la Paz son dos lugares inolvidables e impactantes, situados entre dos días, en pleno centro de la ciudad, que crean una atmosfera de relajada angustia cuando uno se da cuenta de lo que tuvo que ocurrir aquel mes de agoto y los años posteriores. El parque de la paz es un inmenso homenaje a las víctimas, e imcuye un cenotafio con los nommbres de todas las personas víctimas de la bomba. Al parecer, se ha ido actualizando cada año con las nuevas personas fallecidas como consecuencia de aquello.
Cenotafio Hiroshima
A su lado, la llama de la paz, que dicen sólo se apagará cuando hayan eliminado la última arma nuclear. Nos ha llamado la atención la historia de las grullas de papel, vaya, las típicas pajaritas de papel que en esta ciudad están por todos lados (y en Japón también) y en particular en el parque. Hay una zona donde alumnos de todo Japón han mandado sus lazos de grullas de papel, o sus collages o mosaicos con motivos pacifistas, y se exponen en la zona.
La niña de las grullas en Hiroshima
Una de las cosas más impactantes del parque es la cúpula de la bomba atómica, un edificio en ruinas que se conserva del día de la explosión y cuya estructura de la cúpula sobrevivió a la explosión. Ha quedado como un simbolo de la destrucción de aquel día y es francamente impresionante.
Cúpula de la bomba atómica
Y, por último, y para terminar de destrozar los ánimos y como paso previo para cortarse las venas, el Museo de la Paz, un recorrido minucioso por el desarrollo de las armas nucleares, el momento de la explosión y relatos pormenorizados de los protagonistas, con historias tan bonitas como “Kenzo iba con su patinete cuando explotó la bomba: sobrevivió a la primera explosión pero la piel se le empezó a caer a jirones y la la cara se le hinchó tanto que no se le diferenciaba la mandibula de la nariz… al día siguiente su padre, también con la pierna destrozada y quemaduras en todo su cuerpo, la encontró y la llevó a las ruinas de su casa… Kenzo murió al día siguiente…” Como véis, muy bonito, pero desde luego efectivo para darte cuenta, de nuevo, del absurdo de la guerra y de la ilimitada capacidad del ser humano para destruir.

Antes de todo esto, por la mañana, habíamos decidido ir a la isla de Miyajima, a unos kilómetros al sur de Hiroshima en tranvia y un paseo en ferry, donde está la famosa Torii o puerta del santuario de Itsukushima-Jinja. Se trata de uno de los lugares más famosos y fotografiados de Japón, y depende de si llegas en marea alta o baja para verlo “flotando sobre el agua” o “rodeado de barro”. Lo mejor de la visita a la isla: el festín de ostras locales que nos hemos dado. Te las sirven preparaditas y te das cuenta de que los palillos son la mejor herramienta posible para comer una ostra. Ummmmm…
Osaka de noche

Después de que el malasañero Dani, el de anoche, nos lo recomendara, damos con nuestros huesos en Osaka, una ciudad que vibra y cuya marcha nocturna parece de las mejores de Japón. Podemos comprobarlo en nuestra primera y última noche aquí. Sobre todo en el bar gótico Cinderella, acompañados de por unas camareras que en realidad hacen de compañía al cliente (no penséis mal) por el módico precio de 1000 yenes la hora por persona (unos 8 euros). De que hay que pagar por que te de palique a la camarera nos enteramos en el momento de pedir la cuenta…

Y nos despedimos desde una estación cuyo nombre os sonará por lo que ha pasado durante el último mes y medio. Del Enola Gay a nuestros días…

Estación de Fukushima en Osaka

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Una respuesta a Enola Gay y sus efectos

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