La protocolaria lluvia de Kioto

Kyoto Tower de noche
Kioto, la ciudad del protocolo, de los 17 lugares patrimonio de la UNESCO, del contraste espiritual respecto a la frenética Tokio y de las geisas, no nos ha decepcionado.Templo Dorado de Kioto

A pesar de que, para compensar el madrugón de ayer, nos hemos levando más bien tarde, el día nos ha cundido más de lo esperado. No hemos entrado, desde luego, en la frenética prisa turista de visitar templos en Kioto como locos. Más bien hemos seleccionado tres de ellos que parecían los más interesantes y, con calma, recorrido el centro de la ciudad dando tranquilos paseos. El problema es que, tal y como nos recibió ayer al llegar a la estación, la lluvia ha hecho su aparición justo después de comer, cuando el solazo de por la mañana indicaba todo lo contrario. Nos ha caído una de tal calibre que hemos sentido mojadas todas las partes de nuestro cuerpo. Especialmente Alberto, que no llevaba capucha ni una chaqueta adecuada para la ocasión, pero parecía solo preocupado por la cámara.
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Volviendo a Kioto, que es lo que te estará interesando, os diremos que la ciudad tiene mucho que ver, siempre que eso que tengas que ver sea, en su mayoría, templos. Nosotros nos hemos conformado con el Kinkakuji (o templo dorado), el Kodai-Ji y el Kiyomuzi Dera. Entre templo y templo, y antes de que la lluvia nos atacara, hemos podido disfrutar de calles peatonales con preciosas tiendas de té, recuerdos de Kioto y pastelerías variadas. También, cómo no, de la gran cantidad de jardines de la ciudad, algunos de ellos con su zona zen (a la que, de momento, no hemos prestado gran atención).
Monges budistas en Kioto
Destacamos hoy la comida: unos ramen o fideos en salsa con unos filetes de cerdo extremadamente tiernos y sabrosos. Plato único pero contundente. En general, la comida japonesa es buena, sana y variada. Todos los días soñamos con encontrar un buen sitio que tenga ternera de Kobe buena y barata, pero aún seguimos soñando. La ternera de Kobe, dicen, se cría dando de beber cerveza a la vaca y con permanentes masajes a lo largo de su vida. La Lonely Planet dice que es una mentira como otra cualquiera, pero a nosotros la ilusión no nos la quitan y cuando degustemos la ternera de Kobe imaginaremos la buena vida que se pegó el ternero antes de pasar a la vida eterna…

Ya por la tarde, recuperados de la tromba de lluvia, nos hemos acercado al conocido barrio de Gion. Ibamos buscando geishas, y desde luego que las hemos encontrado, tan tranquilas y sonrientes, paseando de un lado para otro. Suponemos que de una cita a otra, pero no nos queda clara cuál es la función real de la geisa. ¿Cantan? ¿Recitan poesía a sus clientes? ¿chicas de compañía? ¿Prostitutas con alto contenido en maquillaje? En cualquier caso hemos visto cuatro en un momentito por lo que se confirma que, de haberlas, las hay en este barrio.
Geishas en Kioto

Barrio que por cierto es una extraña mezcla de burdeles ¿qué otra cosa puede ser un lugar donde todos los edificios, de la primera a la última planta, son “clubs” o “selection” o “piano bar” y en donde no paran de bajar de los taxis japonesitas espectaculares ligeras de ropa y deliciosamente perfumadas? Si buscáis por google os dirán en muchos sitios que lo que hay en este barrio no es prostitución y se trata solo de refinado entretenimiento… pero dando un paseo por aquí no hace falta ser un lince ni un malpensado para darse cuenta de que el trajín que se llevan por aquí no es normal.


Siguiendo con el destaque gastronómico, la cena merece su momento. El okonomiyaki -único plato de la carta, ver foto de Alberto tratando de decidirse- que hemos comido en este restaurante estaba regular, pero el sitio era de los que hacen afición. A la entrada avisaba: “tenemos en el interior cinco de las más bellas muchachas de la ciudad”. ¿Y quiénes eran? ¡Cinco maniquíes sentadas una en cada mesa!  Lo hemos entendido todo mejor cuando un japo borracho como un piojo se ha sentado en una de las mesas a cenar y se ha puesto a hablar con la “señorita”.
Maniquí en restaurante
Además, para crear ambiente, las paredes estaban decoradas con estos bonitos muñecos de trapo.

Mañana hemos decidido dejar Kioto atrás, y partiremos a Nara primero y a Hiroshima después.

Kioto, la ciudad del protocolo, de los 17 lugares patrimonio de la UNESCO, del contraste espiritual a la frenética Tokio y de las geisas, no nos ha decepcionado.

 

A pesar de que, para compensar el madrugón de ayer, nos hemos levando ciertamente tarde, el día nos ha cundido más de lo esperado. No hemos entrado, desde luego, en la frenética prisa turista de visitar templos en Kioto como locos. Más bien hemos seleccionado tres de ellos que parecían los más interesantes y, con calma, recorrido el centro de la ciudad dando tranquilos paseos. El problema es que, tal y como nos recibió ayer al llegar a la estación, la lluvia ha hecho su aparición justo después de comer, cuando el solazo de por la mañana indicaba todo lo contrario. Nos ha caído una de tal calibre que hemos sentido mojadas todas las partes de nuestro cuerpo. Especialmente Alberto, que no llevaba capucha ni una chaqueta adecuada para la ocasión.

 

Pero volviendo a Kioto, que es lo que te estará interesando, os diremos que la ciudad tiene mcho que ver, siempre que eso que tengas que ver sea, en su mayoría, templos. Nosotros nos hemos conformado con el Kinkakuji (o templo dorado), el Kodai-Ji y el Kiyomuzi Dera. Entre templo y templo, y antes de que la lluvia nos atacara, hemos podido disfrutar de calles peatonales con preciosas tiendas de té, recuerdos de Kioto y pastelerías variadas. También, cómo no, de la gran cantidad de jardines de la ciudad, algunos de ellos con su zona zen (a la que, de momento, no hemos prestado gran atención).

 

Destacamos hoy la comida: unos ramen o fideos en salsa con unos filetes de cerdo extremadamente tiernos y sabrosos. Plato único pero contundente. En general, la comida japonesa es buena, sana y variada. Todos los días soñamos con encontrar un buen sitio que tenga ternera de Kobe buena y barata, pero aún seguimos soñando. La ternera de Kobe, dicen, se cría dando de beber cerveza a la vaca y con permanentes masajes a lo largo de su vida. La Lonely Planet dice que es una mentira como otra cualquiera, pero a nosotros la ilusión no nos la quitan y cuando degustemos la ternera de Kobe imaginaremos la buena vida que se pegó el ternero antes de pasar a la vida eterna…

 

Ya por la tarde, recuperados de la tromba de lluvia, nos hemos acercado al conocido barrio de Gion. Ibamos buscando geisas, y desde luego que las hemos encontrado, tan tranquilas y sonrientes, paseando de un lado para otro. Suponemos que de una cita a otra, pero no nos queda clara cuál es la función real de la geisa. ¿Cantan? ¿Recitan poesía a sus clientes? ¿chicas de compañía? ¿Prostitutas con alto contenido en maquillaje? En cualquier caso hemos visto cuatro en un momentito por lo que se confirma que, de haberlas, las hay en este barrio.

 

Barrio que por cierto es una extraña mezcla de burdeles ¿qué otra cosa puede ser un lugar donde todos los edificios, de la primera a la última planta, son “clubs” o “selection” o “piano bar” y en donde no paran de bajar de los taxis japonesitas espectaculares ligeras de ropa y deliciosamente perfumadas?

 

Siguiendo con el destaque gastronómico, la cena merece su momento. El oyonomaki que hemos comido en este restaurante estaba regular, pero el sitio era de los que hacen afición. A la entrada avisaba: “tenemos en el interior cinco de las más bellas muchachas de la ciudad”. ¿Y quiénes eran? ¡Cinco maniquíes sentadas una en cada mesa! Lo hemos entendido todo mejor cuando un japo borracho como un piojo se ha sentado en una de las mesas a cenar y se ha puesto a hablar con la “señorita”.

 

Además, para crear ambiente, las paredes estaban decoradas con estos bonitos muñecos de trapo.

 

Mañana hemos

decidido dejar Kioto atrás, y partiremos a Nara primero y a Hiroshima después.

Kioto, la ciudad del protocolo, de los 17 lugares patrimonio de la UNESCO, del contraste espiritual a la frenética Tokio y de las geisas, no nos ha decepcionado.

 

A pesar de que, para compensar el madrugón de ayer, nos hemos levando ciertamente tarde, el día nos ha cundido más de lo esperado. No hemos entrado, desde luego, en la frenética prisa turista de visitar templos en Kioto como locos. Más bien hemos seleccionado tres de ellos que parecían los más interesantes y, con calma, recorrido el centro de la ciudad dando tranquilos paseos. El problema es que, tal y como nos recibió ayer al llegar a la estación, la lluvia ha hecho su aparición justo después de comer, cuando el solazo de por la mañana indicaba todo lo contrario. Nos ha caído una de tal calibre que hemos sentido mojadas todas las partes de nuestro cuerpo. Especialmente Alberto, que no llevaba capucha ni una chaqueta adecuada para la ocasión.

 

Pero volviendo a Kioto, que es lo que te estará interesando, os diremos que la ciudad tiene mcho que ver, siempre que eso que tengas que ver sea, en su mayoría, templos. Nosotros nos hemos conformado con el Kinkakuji (o templo dorado), el Kodai-Ji y el Kiyomuzi Dera. Entre templo y templo, y antes de que la lluvia nos atacara, hemos podido disfrutar de calles peatonales con preciosas tiendas de té, recuerdos de Kioto y pastelerías variadas. También, cómo no, de la gran cantidad de jardines de la ciudad, algunos de ellos con su zona zen (a la que, de momento, no hemos prestado gran atención).

 

Destacamos hoy la comida: unos ramen o fideos en salsa con unos filetes de cerdo extremadamente tiernos y sabrosos. Plato único pero contundente. En general, la comida japonesa es buena, sana y variada. Todos los días soñamos con encontrar un buen sitio que tenga ternera de Kobe buena y barata, pero aún seguimos soñando. La ternera de Kobe, dicen, se cría dando de beber cerveza a la vaca y con permanentes masajes a lo largo de su vida. La Lonely Planet dice que es una mentira como otra cualquiera, pero a nosotros la ilusión no nos la quitan y cuando degustemos la ternera de Kobe imaginaremos la buena vida que se pegó el ternero antes de pasar a la vida eterna…

 

Ya por la tarde, recuperados de la tromba de lluvia, nos hemos acercado al conocido barrio de Gion. Ibamos buscando geisas, y desde luego que las hemos encontrado, tan tranquilas y sonrientes, paseando de un lado para otro. Suponemos que de una cita a otra, pero no nos queda clara cuál es la función real de la geisa. ¿Cantan? ¿Recitan poesía a sus clientes? ¿chicas de compañía? ¿Prostitutas con alto contenido en maquillaje? En cualquier caso hemos visto cuatro en un momentito por lo que se confirma que, de haberlas, las hay en este barrio.

 

Barrio que por cierto es una extraña mezcla de burdeles ¿qué otra cosa puede ser un lugar donde todos los edificios, de la primera a la última planta, son “clubs” o “selection” o “piano bar” y en donde no paran de bajar de los taxis japonesitas espectaculares ligeras de ropa y deliciosamente perfumadas?

 

Siguiendo con el destaque gastronómico, la cena merece su momento. El oyonomaki que hemos comido en este restaurante estaba regular, pero el sitio era de los que hacen afición. A la entrada avisaba: “tenemos en el interior cinco de las más bellas muchachas de la ciudad”. ¿Y quiénes eran? ¡Cinco maniquíes sentadas una en cada mesa! Lo hemos entendido todo mejor cuando un japo borracho como un piojo se ha sentado en una de las mesas a cenar y se ha puesto a hablar con la “señorita”.

 

Además, para crear ambiente, las paredes estaban decoradas con estos bonitos muñecos de trapo.

Mañana hemos decidido dejar Kioto atrás, y partiremos a Nara primero y a Hiroshima después.

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2 respuestas a La protocolaria lluvia de Kioto

  1. Demente dijo:

    Vaya envidiaaaaaaaaaa que me estáis dando. Sobre todo por la comida, ummmmmmmm

  2. Elena Cerro dijo:

    La verdad q Kioto es la ciudad cOn mas encanto xa mi Me gusta q estéis disfrutando del viaje Besitosssss

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