Nara y sus ciervos sagrados

Ayer madrugamos para ir a Nara, antigua capital de Japón, famosa por sus templos y por los ciervos que entretienen a los visitantes. Había muchos vendedores de “galletitas para ciervo” que por un módico precio se supone que facilitaban que pudieras apreciar más de cerca a los entrañables bambis que campaban a sus anchas por los templos y buena parte de la ciudad.

Farolillos de piedra en Nara
No nos hicieron falta las galletitas para darnos cuenta de que estos “bambis sagrados mensajeros de los dioses” no son nada tímidos y no les importa olisquear, empujar, morder y lo que haga falta hasta asegurarse de que no tengas nada que llevarse a la boca. De hecho vimos a un par de japoneses persiguiendo a un ciervo por una ladera porque al parecer les había robado algo.
Señor alimentando ciervos en Nara

En Nara no hemos visto muchos turistas extranjeros, pero estaba lleno de visitas de escolares japoneses y también algunas de jubilados.

Sergio en Nara

El templo más famoso de Nara es el Todai-ji, que dicen que es “el buda más grande del mundo”, esa moto ya nos la han vendido en varios sitios, pero está claro que era muy grande y pesado (500 toneladas de bronce), para que os hagáis una idea de las proporciones de la foto, dicen que por el agujero de la nariz cabe un niño, y tienen en el templo una columna con un agujero del diámetro de ese inmenso orificio nasal, a través del cual docenas de niños intentaban pasar porque parece ser que les da buena suerte.
Gran buda de Nara

Aparte del buda y del propio templo, nos han gustado varias tallas de madera inmensas con los supuestos guardianes del templo, impresionantes.

También destacan entre los numerosos templos de Nara la pagoda de cinco plantas de Kōfuku-ji y sobre todo el famoso bosque de farolillos de piedra que hay  alrededor del santuario sintoista Kashuga-Taisha.

Farolillos de piedra en Nara

Por la tarde hemos vulto a Kioto y hemos cogido el tren bala hacia Hiroshima. Mañana visitaremos la ciudad con más calma, de momento nos hemos metitdo a cenar en un sitio donde nadie hablaba ni una palabra ingles, ni había fotos en la carta, ni nada, pero como estaba lleno de gente nos hemos metido y hemos cenado bien en un ambiente muy agradable. Cada vez que entramos en un restaurante nos sorprende el protocolo que parece muy sincero donde todos a la vez, hasta los cocineros, te dan la bienvenida o se despiden, en algunos casos parece que estuvieran de fiesta en vez de trabajando. Para ser un miércoles noche Hiroshima tiene ambiente. Nos hemos tomado unas pintas en un bar irlandés y allí una camarera filipina nos ha recomendado el descubrimiento de la noche, el Mac, un antro regentado por una hippy de la vieja guardia, con buena música, ambiente acogedor, fauna crápula y Dani, un español que lleva cuatro años en Hiroshima y está a punto de irse a México. Una conversación muy interesante antes de volver al hotel.  Dani era un personaje entre entrañable y bizarro que nos ha dado algunas claves de la forma de pensar nipona. También de la nocturna, que quizá pongamos en práctica mañana en Osaka.

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3 respuestas a Nara y sus ciervos sagrados

  1. Maria Jose Nogueira Silva dijo:

    Gracias chicos, me encantó este post :) Besazo!

  2. Amanda dijo:

    Muy bien chicos! Haciendo amigos! Estoy enganchada a vuestras historias. Besos

  3. noelia de venta dijo:

    Guau chicos otro viaje para contar a los nietos… me alegro de que al final hayais partido al país del sol naciente… un besazooo cuidaros mucho, nosotros desde venta seguiremos pendientes del ventense más aventurero a través de Dubsar..

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