Como mañana 13 agosto se cumplirán tres semanas desde que salimos por la A2 destino a Barcelona, y como mañana también llegaremos a los 10.000km de viaje, hoy, en Almaty, hemos decidido darnos un merecido descanso, con el objetivo de adquirir “aprendizajes culturales de la gloriosa nación de Kazajstán”.
Nuestra esperanza de encontrar un taller y un mecánico eficaz que nos pudiera poner el ansiado cubrecárter (un protagonista constante en las conversaciones mongolrallieras) no ha sido conseguida. A pesar de encontrar el taller, y de hacerse entender por gestos de que queríamos poner un “material” para “motor machina”, no han encontrado la chapa adecuada, así que todo lo más ha sido apretar algunas tuercas, combrobar que todo parece estar en orden, equilibrar una rueda delantera que se había quedado hecha un ocho con los baches y listo. El coche hoy, también, se merecía un descanso. En la foto, el famoso cárter, con un par de golpecillos de nada, y esto acaba de empezar.
Con tiempo, hotel reservado y no excesivo calor hemos conocido a fondo la antigua capital de la “gloriosa nación de Kazajistán”. Una ciudad similar a Manhattan (o al barrio de Salamanca de Madrid) en la estructura de sus calles; con mucha vida diurna y nocturna y espléndidos parques cada pocas manzanas. En uno de ellos está la que dicen rivaliza (mucho decir es) con la Catedral de San Basilio de Moscú: la colorida catedral Kenkoz,
y un monumento a unos soldados kazajos muertos en la defensa de Moscú frente a los nazis.
Como buenos turistas hemos hecho uso del “cable car” o teleférico que nos ha subido a un monte cercano, donde más allá de las vistas de la ciudad, lo impactante es el zoo-parque de atracciones-zona familiar que tienen montado en la cumbre (incluido un toro mecánico al ritmo de pasodoble).
Pero lo mejor del día en boxes y de nuestra propia puesta a punto estaba por llegar: unos baños públicos que combinan lo mejor del baño turco (una sauna extrema de calor), del baño finlandés (ramas con hojas para flagelarse y llevar mejor el calor) y el baño kazajo (un masaje de más de media hora para recolocar nuestros huesos). Tras dos horas completamente desnudos, alternando piscina helada con sauna donde el calor te hacía literalmente respirar fuego, nos creemos listos para afrontar el tramo final del Mongol Rally.
¿Qué espera ahora? 1.500km en Kazajistán circulando hacia el norte por tierras deshabitadas; una frontera con Rusia y la entrada en Mongolia. Experiencias de otros años y nuestra desfasada guía apuntan a que pocos hoteles y menos internet vamos a encontrar en el camino que queda.

