Y al fin…Mongolia

Trece países después, el sello de entrada sobre nuestro visado de Mongolia se estampa definitivamente en nuestro viajero pasaporte. Costó, ya lo creemos que costó, pero finalmente y tras 26 horas de espera en la parte mongola de la frontera, conseguimos que los señores funcionarios sellaran nuestro pasaporte, aceptaran los trámites de aduana, revisaran nuestro coche y nos dejaran pasar. Mongolia, ante nosotros. La recta final del Mongol Rally, en las ruedas del glorioso Fiat 600.

Antes, para pasar el tiempo, y mientras uno hacía cola en la frontera, el otro había decidido subir a una colina cercana donde estaba la antena repetidora para, según nos habían avisado, encontrar un poco de cobertura para el movil. Así fue. Acompañados de los compañeros de Thumbtack y tras dos horas de caminata entre yaks, nieve, saltamontes voladores y cráneos de cabras, alcanzamos la cumbre de la colina, a unos 2.700 metros de altitud, desde donde se vislumbraba un paisaje espectacular.

Abajo, los trámites avanzaban y pasada la hora de comer todo se arregló y nos dejaron salir. Con cierta polémica, vale, ya que algunos ingleses que prefirieron jugar al futbol y tocar la guitarra en lugar de hacer cola en las aduanas se quejaron de que su visado llegaba más tarde que el nuestro, a pesar de haber llegado a la frontera unas horas antes. Pueda que algo de solidaridad española y un poco de picaresca sí que haya habido, no nos vamos a engañar…

Y una vez en Mongolia…se acabó el asfalto. Comenzaron los caminos de tierra, pedregosos, con baches, resaltos, badenes, cuestas pronunciadas y cortes laterales. Comenzó el rally, deportivamente hablando, de verdad. Pero realmente es divertido conducir por aquí, aunque no se pase de 30km/h, porque la cerretera se bifurca en varios carriles que se conveirten en carreteras alternativas y que se juntan todas unos kilometros más adelante.

Unos 30 kilometros y conseguimos llegar a Olgii, la primera “ciudad” importante de Mongolia en nuestra ruta. Allí, en la gasolinera, nos ha asaltado un padre de familia con un cuaderno en el que estaba escrito, en inglés, algo así como “tengo un casa con ducha caliente donde puedes dormir. Mi mujer puede preparar cualquier tipo de plato kazajo. También soy mecánico y puedo arreglar tu coche. Es todo muy barato”. Nos convenció enseguida y hemos recalado en su hogar, donde literalmente nos han dejado su casa para dormir los cinco que vamos juntos.

Tres camas y unas mantas en el suelo han servido para nuestro descanso, pero lo mejor ha sido la cena: unos platos de guiso de cabra con patatas y espaguettis que estaban delicisoos y que el padre de familia ha compartido con nosotros, con una comunicación basada en señas y alguna palabra básica de inglés. Al terminar la cena, uno a uno, los miembros de la familia han ido acercándose a la mesa: la mujer cocinera, las dos hijas, la hija de los vecinos, el tio y hasta los abuelos. Una verdadera escena familar mongola, aunque la familia fuera de origen kazajo.

Mongolia, primer día. Las carreteras esperadas, los paisajes mejor de lo imaginado y la convivencia con los locales extraordinaria. Si el Mongol Rally ha empezado hoy, que siga así muchos días…

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Una respuesta a Y al fin…Mongolia

  1. olivier dijo:

    El foto de Sergio con su anfitrion mongol es de lejo el mejor de todo el Dubsar rally.

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